miércoles, junio 18, 2008

excelencia, precariedad y huevos fritos

Huevos fritos con patatas ídem. Plato fácil y económico. Parece que incluso un menú barato de bar podría incluirlo sin sufrir por los costes o la dificultad de su preparación. Pero a ver cuántos encontráis que os sirvan patatas recién cortadas y puestas a freir con aceite de oliva. En su lugar, patatas industriales prefritas y congeladas, sin rastro de aceite de oliva. Parece un hecho trivial, anodino, irrelevante. Nadie habla de esto.
Un cocinero reconocido publica un libro y aprovecha la atención que se le dedica por este motivo para cargar contra un colega suyo aún más reconocido que él. Por supuesto no hablan de huevos fritos. Nos pongamos del lado de uno o del otro, casi todos los que tengan que comer en una cafetería, en un bar o en restaurant modesto, o sea: muchísimas más personas cada día que las que esos cocineros restaurarán en toda su carrera, cuando siganpidiendo algo tan sencillo como unos huevos fritos con patatas fritas, se encontrarán en el plato pseudopatatas (también deconstruidas: industrialmente, extrusionadas, reconformadas en forma de patata cortadita; fritas en unas grasas extrañas, congeladas, y que el "cocinero" descongelará directamente sobre la sartén para guarnecer dos huevos fritos que puede que tampoco hayan sido fritos en aceite de oliva).
Unos con sutilezas y otros comiendo cosas verdaderamente dudosas casi cada día. No es extraño, así es en todos los demás ámbitos, y junto a la pobreza más miserable, la riqueza más extravagantemente ostentosa; junto a demostraciones de sutil inteligencia, manifestaciones constantes de estupidez endémica. Si reducimos todo eso a "dinero", o a "comer", nos quedamos sin entender nada: es necesario comprender la enorme horquilla dentro de la cual "conviven" visiones y realidades extremadamente distantes y diferentes. ¿Son dos facetas de una misma realidad o llegan a ser dos realidades distintas?

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